Marta & Alberto

Bodas

Marta comenzó a prepararse  a eso de las nueve de la mañana en su peluquería de cabecera.  Mantenía una tensa calma que rompía de una forma natural con su sonrisa. Aquel día, iba a ser su día, y sabía que todo iba a salir bien. Y así fue. Una vez peinada y maquillada la acompañamos a su casa y comenzó a vestirse. Qué bonito se nos hace este momento en cada boda en la que trabajamos. Que íntimo y qué cómplice ese instante en que la hermana y la madre ayudan a la novia a abrochar los botones y a que todo quede en su sitio, perfecto, mientras su padre mira con cariño y ternura a su hija, que dentro de poco empezará un nuevo camino junto a su chico.

Alberto, nervioso y radiantemente feliz, esperaba a Marta con impaciencia en la sanluqueña hacienda Al-Yamanah (dicho sea de paso, preciosa a nuestro parecer). Junto a sus padres iba recibiendo a los invitados que llegaban a ese maravilloso patio donde se celebraría la boda.

Y llegó la novia y todas las miradas se centraron en la belleza que desprende una persona cuando está feliz y convencida de a quién ama, y cómo lo ama. Tenemos la costumbre de mirarla siempre a ella, pero ese día estaban igual de bellos los dos.

Fue una boda civil, clásica, al aire libre y decorada con exquisito gusto pero lo importante de aquello fue el cariño con el que participaron todos los que intervinieron y la pasión con la que lo vivieron ellos dos.

Lo que vino después fue una gran comida y una buena fiesta, pero a eso ya estamos más acostumbrados. Quizá no pueda verse en estas palabras el regalo que nosotros tuvimos ese día siendo espectadores de algo tan hermoso. Y es que el amor llega cuando tiene que llegar, que debe encontrarse siempre con las puertas abiertas y que es merecedor que cualquier oportunidad. Gracias Marta, gracias Alberto, a ser felices.